12 de noviembre de 2007

La Pascua de Cali

Viña del Mar, 11 de noviembre 2007

Queridas hermanas y amigos:

Alguien muy querido y de nuestra “Familia” ha regresado junto al Padre en el día de ayer. Cali no fue un hombre más que pasó por esta tierra. Fue un chico especial. Aún lo recuerdo como un joven valiente, capaz de vencer la fuerza de muerte con la potencia de la vida, con mucha fe en Jesús y su conocido buen humor.

El primer día que lo conocí fue en el Juan XXIII, año 80, o 81, no recuerdo bien. El Padre Adolfo (Fito en ese entonces) lo había mandado llamar para conversar con él. Se había enterado que él quería suicidarse y el padre quiso ayudarlo abriéndole un camino de amistad y encuentro con Jesús. Recuerdo que muchas veces iba a verlo al Colegio salesiano, pues lo preparaba para la confirmación, y siempre lo acompañaba su chofer.

Como a muchos de nosotros nos impresionó su semblante, pero pudimos conocer en él una hermosa criatura de Dios que nos enseñaba a mirar el corazón de las personas…ya lo decía el Principito “lo esencial es invisible a los ojos”.

Cali fue un joven de carácter fuerte, tierno y decidido, y siempre de buen humor. Todos recordamos el repetido sonido de su audífono cuando se reía. También su timbre de fuerte voz cantando su canto inventado: “Vamos, vamos Jerusalén el pueblo está sediento vamos a trabajar”

Su encuentro con el Cristo Resucitado, dio un nuevo sentido a su vida, -como siempre lo dijo-. Atraído fuertemente por el amor de Jesús pidió para hacer su consagración un 15 de septiembre día de la Virgen de los Dolores. Luego vivió un buen tiempo con algunos varones consagrados, donde siempre lo veíamos servir a sus hermanos, hacer las compras, cuidar los pajaritos y rezar mucho!.

Cali nos dejó un gran modelo de amor a la vida, de lucha contra la muerte, y de fe ilimitada en Aquel que lo sostenía y cuidaba.

Hace unos años, conoció a una mujer chilena a quien amó mucho y ella a él también y se vio rodeado de este cariño que seguramente lo hizo muy feliz. Un nuevo signo del Amor de Dios para su vida.

Su testimonio maravilloso ha dejado fuerte huella en nuestras vidas, en especial en la gente que lo conocimos, pero quizás sin saberlo, entre la gente montevideana por quien él rezaba mucho, al igual que por su familia.

Hoy siento tristeza por su partida, pero también una gran alegría de saber que en este año jubilar de nuestra Comunidad, alguien “de los nuestros” ha llegado a la meta y gozará eternamente con el Dios Vivo que dio origen a esta Comunidad.

“Cali, “hijo de Dios, al ser hijo de la resurrección” (aludiendo a la lectura de este domingo), gracias por ser un fiel amigo de Dios, un testigo de la fuerza de vida sobre la muerte, misionero en la vida sencilla y cotidiana, en la alegría y en los padecimientos, transfórmate en nuestro “patrono” y sigue rezando mucho por nosotros, frágil y pequeña Comunidad, para que tengamos tu reciedumbre y valor para comunicar la Belleza del Resucitado en un mundo desfigurado”.

Te queremos Cali, ora con Jesús al Padre por todos…y que disfrutes para siempre junto con María y tu mamá, la alegría del Amor Resucitado!

Un abrazo,

Rosario Rocca
Comunidad Misionera de Cristo Resucitado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Para Annie, Carlos, Sebastián, Mercedes y toda la familia de Cali.

Queridos del corazón de Cali,

Desde el sábado a las 19 hs, en que mamá y Florencia nos llamaron a Brasil, no hemos dejado de evocar muchísimos lindos recuerdos de Cali, anécdotas, momentos compartidos y tantos gestos de él que son inolvidables. Estábamos sacando el auto porque nos íbamos con más gente de la comunidad, a nuestro encuentro mensual del evangelio comentado, en las familias, cuando oí el teléfono y algo me hizo entrar de nuevo, dejando a todos esperando. Cali, un gran amigo y hermano nuestro, ya estaba "más allá" siendo premiado en el cielo.

Una mezcla de alegría por su vida y lágrimas por la despedida, se fueron mezclando y haciéndonos compartir la Palabra de Dios a la luz de tantas cosas lindas y buenas que aprendimos con Cali. Como le suele pasar a los más viejos (en este caso, me tocaba a mí ese lugar) me emocioné mucho al agradecer por su vida, su testimonio, el mucho amor y todos los muchos y lindos recuerdos que nos quedan de él. Más de 25 años compartiendo vida, fe, amistad, vocación y una intensa misión de amor y servicio que vivió sin descanso...

No me olvido más cuando le abrí la puerta de Leyenda Patria, un sábado de 1982, en que vino por primera vez al grupo de jóvenes! Era sábado y obviamente todos los jóvenes estaban super empilchados. Cali también, con un elegante saco sport azul. Muchos de nosotros no lo conocíamos, ni sabíamos nada de él ni de su enfermedad. El padre Antelo lo presentó e hizo una comparación que nunca me voy a olvidar: que así como todos en ese sábado estaban arreglados, perfumados, y super lindos por fuera, toda esa belleza no se podía igualar con la belleza interior de Cali. Y dijo que él era más lindo interiormente que todos nosotros juntos! Y que deseaba que cuando cada uno mirara su interior, nunca escondiera por dentro lo que el cuerpo de Cali muestra y nos simboliza. Y ahí contó de la fé de Cali, de su proceso, de su amor a los niños, a la gente y a los pajaritos que cuidaba y criaba en su casa, habló de su espíritu de lucha y su decisión por vivir y superarse, aún habiendo pasado por una gran crisis interior.

Desde entonces, Cali estaba siempre, creo que no faltó nunca a nada de lo que organizábamos. Primero traído por su choffeur y padrino; después, como cualquiera de los otros jóvenes: en el famoso 104 y caminando todo aquel montón de cuadras como si nada! Me acuerdo el día en que invitó a una chica a salir, el día que fuimos por primera vez en grupo al cine Metro a ver ET y después a comer pizza a la Fiaca... Siempre venciendo límites, superando fronteras, calladito y sin ningún alarde, con un espíritu alegre, una garra y una voluntad envidiables.

Ni que hablar cuando decidió visitar enfermos... Cuando hizo su compromiso en la comunidad, cuando en el 86 nos fuimos todos en la combi nuevita, a ver al Papa a Bs Aires... Cuando en el 90 nos fuimos a Paysandú para que yo me "distrajera" de un accidente de auto tenido un mes antes y, por sacar una abeja, volcamos! quedó para la historia: uno con pierna ortopédica, yo que áun no estaba bien recuparaba de fracturas anteriores y Cali con los problemas de sus huesos. Mientras los pobres camioneros que venían atrás intentaban sacarnos por las ventanas sin entender el cuadro, Cali, encontrando motivos para reirse en tan anecdótica y pequeña desgracia.

No en vano, yo lo llamaba el "pequeño profesor" porque cuando en nuestros "años mozos" yo estaba encargada de las charlas de psicología dentro de la formación, estudiando Análisis Transaccional, expliqué que hay una parte de la estructura afectiva, emocional, que es creativa, que tiene chispa, que sabe hacer preguntas o comentarios muy ocurrentes que a nadie se le hubieran ocurrido, etc. La pila del audífono de Cali no paraba de pitar, lo que ya sabíamos que era por risa. Entonces paramos y él explicó feliz de la vida "ese pequeño profesor soy yo!!!". Y quién podía dudarlo?

Como desde 1988 viví en Buenos Aires y luego en Brasil, mis encuentros con el pequeño profesor fueron más esporádicos, hasta que compartimos más tiempo en el viaje a Roma. Allí, no me acuerdo porqué, pasé a llamarlo Carlojalberto. Yo me olvidé pero é no. Y el muy pícaro, con ese nombre firmó el regalo de casamiento para Florencia y Marcos, junto con Annie, Sebastián y su esposa. Se imaginan lo que se rió de mí que no me dí cuenta que era él... No podía ser para menos.

Nos vimos por últimas vez el 17 de setiembre, cuando con Ani, fueron a ver a mi sobrino recién nacido, Iñaki y nos sacamos una foto que les mando en anexo. Allí le dije antes de irse, fuera a la cocina para ver que linda quedaba "la calitera", como cariñosamente y en su honor, le pusimos hace dos años a su regalo.
Annie, me encantó conocerte!. A nuestro querido Cali, al pequeño profesor, al alegre Carlojalberto, a Annie y a toda la familia Victorica, un GRACIAS muy grande desde Brasil por las huellas de tanto cariño, de tanta esperanza y alegría, entrega y amor que él vivió sin descanso en esta tierra. Cuántos lindos recuerdos para escribir y para contar!

Y terminando, les cuento que desde el sábado me sorprendo varias veces cantando la marchita misionera compuesta por Cali:
"Vamos, vamos Jerusalén. El pueblo está sediento vamos a trabajar!".
Hoy, al tercer día de su despedida, se me cambió a letra:
"Vamos, vamos Jerusalén. El pueblo está sediento, Cali nos va a ayudar!".
Intuyo que al pequeño profesor le está sonando la pila de risa en el cielo... No les parece?

Que Cali los bendiga mucho con su presencia y amor desde el cielo, y a los que de los más variados países le pedimos su ayuda y agradecemos su amistad, también.

Un fuerte abrazo. Con todo cariño,


Susana Rocca